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La mentira de la izquierda en el PERÚ (síndrome de Estocolmo)

La mentira de la izquierda en el Perú

por Tulio Arévalo van Oordt

El 23 de agosto de 1973, durante el asalto a un banco en Estocolmo, Suecia, Erik Olsson no pudo huir cómo lo tenía planeado y tomó de rehenes a tres mujeres y un hombre, empleados del banco. 

Conforme pasaba el tiempo, las amenazas del asaltante contra la vida de los rehenes no se concretaban y frente a esa ausencia de violencia, los trabajadores retenidos contra su voluntad terminaron viendo con simpatía a su captor y hasta protegiéndolo para que no sea atacado por la policía.

Esta identificación de los secuestrados con la manera de pensar y actuar de sus captores se conoce como síndrome de Estocolmo. 

Eso es lo que parece sufrir la psiquis colectiva del Perú.

La identificación de un secuestrado con su captor.

Solo así podríamos explicar como un país puede creer que una ideología que ha fracasado a lo largo del tiempo, puede solucionar sus demandas sociales.

Esto no es de ahora, es una estrategia a largo plazo, estructurada con mayor énfasis durante los últimos 20 años: “miente, miente que algo queda”, como línea programática de la izquierda peruana. 

La principal mentira de la izquierda en el Perú es haber logrado que la población crea que siempre nos ha gobernado la derecha.

Que la culpa de todos los males del Perú es de la derecha. Si retrocedemos en el tiempo y analizamos los distintos períodos de gobierno habidos en el Perú desde hace 50 años, veremos que eso no es verdad.

En 1968, el general Juan Velasco dio un golpe de Estado institucional, derrocando a Fernando Belaúnde que, si bien no era de izquierda formalmente, se situaba al centro y había iniciado una tibia reforma en el agro.

El gobierno de Velasco fue con todas sus letras la primera experiencia socialista en el Perú. Radicalizó la reforma agraria, redistribuyendo la tierra a la mala. LA MENTIRA DE LA IZQUIERDA EN EL PERÚ

Creó órganos de control social, estatizó empresas y formó otras más, confiscó los medios de comunicación y no solucionó nada.

Destruyó el agro y la poca industria nacional; el gobierno militar se convirtió en uno de los más corruptos de la historia.

Velasco fue derrocado por otro general, Francisco Morales Bermúdez, que no movió un dedo para cambiar las cosas.

Lo único bueno que hizo fue devolver el poder a los civiles, después de convocar a una Asamblea Constituyente.

Que promulgó la Constitución de 1979, de corte socialista con el Estado interviniendo en la economía, que ya estaba hecha añicos. 

Lo que vino después fue un nuevo gobierno de Fernando Belaúnde.

Tibio como su primer mandato, sin atreverse a hacer los cambios estructurales que necesitaba el país, llamando ‘abigeos’ a los terroristas de Sendero Luminoso.

Mientras seguía creciendo la inflación. Luego los peruanos vivimos literalmente  la tribulación previa al Apocalipsis. Alan García terminó por destruir la economía.

Llegamos al extremo de no tener papel moneda y los sueldos se pagaban con ‘cheques billete’.

Que tenían que gastarse en una sola compra porque no había efectivo para dar cambio.

En vez de monedas se usaban caramelos. Entre tanto,  Sendero Luminoso y el MRTA cometían asesinatos, secuestros, detonaban coches bomba un día sí y el otro también.

Ni hablemos de la corrupción.

Desde 1962 a 1990 tuvimos 5 gobiernos.

Los militares abiertamente socialistas, llenos de comunistas dirigiendo las instituciones públicas y los otros tres, los dos de Belaúnde y el de Alán García, si bien decían ser de centro, le hacían quecos a la izquierda. 

El único período en el que verdaderamente la derecha gobernó en el Perú, fueron los 10 años de gobierno de Alberto Fujimori.

Es cierto que se convirtió en dictador, pero también es verdad que derrotó militarmente a Sendero Luminoso y al MRTA.

Ordenó la economía y privatizó las empresas improductivas creadas durante la dictadura militar socialista.

Que quedé claro que no soy fujimorista.

o lo defiendo, pues fui uno de los tantos periodistas perseguidos, vigilados, presionados, enjuiciados, secuestrados por ejercer la libertad de prensa en aquellos años, pero como muchos no guardo rencor ni resentimiento. 

Luego de la dictadura de Fujimori, la izquierda comunista siguió haciendo de las suyas.

Valentín Paniagua empezó a desmontar toda la legislación antiterrorista dada en el gobierno de Fujimori.

Liberaron a delincuentes terroristas.

Las ONG’s de izquierda pro comunistas llenaron de juicios al Estado y a los militares que habían peleado contra Sendero Luminoso y el MRTA.

Mientras repetían una y otra vez que la derecha tenía la culpa, que la derecha es corrupta, que la derecha esto y que la derecha aquello.  

Así empezaron a fortalecer su campaña de mentiras.

Alejandro Toledo, Alán García nuevamente y Ollanta Humala.

Los dos primeros de centro, pero coquetos con los zurdos, los dejaron seguir copando las instituciones públicas, y el último, un militar en retiro.

Abiertamente socialista, chavista, castrista, que una vez en el poder moderó su postura y terminó con acusaciones e investigaciones por corrupción.

Incluso estuvo preso. ¿Esa es la derecha corrupta que tiene la culpa de todo? Repito, ¿cuándo en los últimos 50 años la derecha gobernó en el Perú?

Ni Pedro Pablo Kuczynski, pues como gobierno no hizo nada.

Renunció por escándalos de corrupción y su vicepresidente Martín Vizcarra se rodeó de comunistas al no tener partido político que lo sostenga para gobernar y terminó siendo vacado por el Congreso.

Al estar seriamente comprometido en actos de corrupción, llegando a estar impedido judicialmente de ejercer algún cargo público. 

Realmente la izquierda comunista es la que ha gobernado el Perú, con la corrupción como plan de gobierno.

Un ejemplo claro es el de Susana Villarán, quien fue alcaldesa de Lima un período, militante de izquierda, comunista.

Está con arresto domiciliario, luego de pasar una temporada en la cárcel, por acusaciones de corrupción que ella misma ha reconocido.

Ni que decir de los gobiernos regionales.

La mayoría de estos son gobernados por partidos de izquierda. Los delitos por corrupción han llevado a la cárcel a casi todos los gobernadores seguidores de Marx, Lenin y Mao.

Acusaciones de peculado, asociación ilícita y hasta violencia doméstica tienen los gobernadores de izquierda y sus funcionarios. ¿Quién tiene la culpa? La respuesta siempre es la misma: la derecha. 

De tanto repetirla, el pueblo se ha creído esa mentira y el país se ha fracturado en dos.

La derecha representada por el fujimorismo, y otras agrupaciones democráticas, y la izquierda representada por un partido castro-chavista, Perú Libre, cuyo máximo dirigente, gobernador de la región Junín.

Vladimir Cerrón, fue impedido de postular a la vicepresidencia por tener juicios y acusaciones de corrupción. 

En el Perú somos unos giles.

Nos hemos creído el cuento de la derecha culpable, cuando quienes realmente han gobernado el país son socialistas o sus simpatizantes (unos más que otros).

Los peruanos hemos sido secuestrados a punta de mentiras y engaños.

Sufrimos del síndrome de Estocolmo, pues estamos a punto de proclamar Presidente de la República a otro comunista de izquierda, está vez con ideas más radicales que los otros, que también le echará la culpa a la derecha por los errores y horrores que cometa.

DIOS nos coja confesados. 

LA MENTIRA DE LA IZQUIERDA EN EL PERÚ